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¿Cómo dejar de procastinar hoy mismo?

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¿Cómo dejar de procastinar hoy mismo?

“Mejor lo dejo para mañana”, “te prometo que el lunes comienzo”, “ahora sí, nada más termino esto y me pongo a ver ese pendiente”. ¿Cuántas veces hemos escuchado estas frases? Me parece que demasiado, ¿cierto? Y es que todos, en algún momento (o en muchos) hemos postergado lo que, sabemos, debemos hacer ya.

¿Qué es eso de procrastinar?

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, esta palabra es sinónimo de “diferir, aplazar”.

Ahora bien, uno puede retrasar una tarea o una decisión para cuando haya las condiciones óptimas para ello (eso sería planificar), lo cual está muy bien, pero el problema comienza cuando se confunde el hecho de procrastinar con esperar o plantear un día específico para hacerlo.

La procrastinación es como una piedra en el zapato que nos incomoda todo el tiempo hasta que decidimos actuar. El economista George Akerlof escribió en 1991 su famoso ensayo “Procrastination and Obedience”, en donde señala que la procrastinación podría ser algo más que un mal hábito, ya que en la medida en que aplazamos vamos acumulando pequeñas pérdidas (de tiempo, dinero, logros) que al final se convierten en un cúmulo de grandes pérdidas, desperdicio de potencial y de sueños malogrados.


Procrastinar = Ansiedad

Saber que debemos hacer algo y postergarlo indefinidamente no solo causa molestia sino también nos genera angustia.

Quienes han estudiado el proceso de procrastinar (Piers Steel y David Laibson, entre otros) indican que cuando postergamos atravesamos las siguientes etapas: primero, nos sentimos incómodos porque sabemos que ya deberíamos haber hecho eso que estamos postergando; segundo, como eso nos incomoda, nos dedicamos a realizar otras tareas más sencillas o que nos gustan más para compensar esa sensación molesta; y tercero, inventamos excusas para justificar ante nuestra conciencia por qué no lo hemos hecho.

O sea, es cuento de nunca acabar.

Las buenas noticias es que la procrastinación se puede resolver si consideramos las siguientes estrategias:

1. Emprender un primer paso de solo cinco minutos. Si se ha postergado esa tarea importante por el motivo que sea, puede ocupar únicamente cinco minutos para comenzar a hacerla. Pasado este tiempo, ocúpese de otra cosa. La idea aquí es vencer de una vez el temor o la pereza. Verá cómo una vez iniciada la tarea, gana impulso para realizarla por un periodo más extenso.

2. Enfocarse en lo que se tiene que terminar hoy. Con frecuencia apuntamos en nuestra agenda tooodos los pendientes por llevar a cabo en el día, nos agobiamos y solo los cumplimos a medias o claro… los aplazamos. En vez de escribir una lista interminable de tareas, anote solamente tres que deba terminar el mismo día. Con eso es suficiente. Ya hemos dado un paso adelante en la consecución de nuestra Gran Meta.

3. Practique la regla de los dos minutos. Cualquier acción que implique muy poco tiempo, como hacer una llamada o escribir un correo o preguntar algo por whatsapp no debe entrar en su lista de pendientes, sino efectuarse de inmediato. Tardamos más tiempo en pensar en realizarlo, que en hacerlo.

4. Comprometerse de manera pública. Sí, suena un poco extremo, pero funciona. Compartir con los colegas o con la comunidad académica, la familia o los amigos que estamos comenzando un proyecto (una investigación, la escritura de un libro o un artículo, por ejemplo) genera un compromiso con uno mismo para llevarlo a cabo sí o sí.

5. Aprender a delegar. Un proverbio hindú dice: “Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres ir lejos, ve acompañado”. Esto es especialmente útil si el trabajo que tenemos que emprender es enorme (y por eso lo hemos postergado). Solicitar ayuda a otras personas en tareas que puedan desarrollar con eficiencia, permite tener un control de lo que es prioritario y poner una fecha límite para terminar cada acción. Con esto se disminuye la posibilidad de dejar para otro momento lo que debe hacerse en un plazo específico.

6. Pensar en lo que dejaría de tener o de lograr si continua la postergación. Lo sé, a veces esas pequeñas tareas que nos van a llevar a nuestros objetivos son aburridas o tediosas; sin embargo, tener muy presente por qué queremos lo que queremos nos motiva a seguir adelante. Salir de la zona de confort en aras de ver nuestro sueño cumplido vale la pena.

7. Se vale decir no. Negarse a colaborar en un proyecto que sabemos no podremos cumplir como se debe porque no tenemos tiempo suficiente es válido. Lo mismo si el trabajo que estamos haciendo ya no nos convence, ha perdido sentido para nosotros o consideramos que no es muy importante que digamos, se vale dejarlo y a otra cosa. No porque hayamos comenzado algo debemos obligatoriamente terminarlo.

Espero que estas recomendaciones le hayan resultado útiles. ¿Tiene otras sugerencias que nos ayuden a dejar de postergar lo que, sabemos, debemos hacer ya? Escríbanos sus comentarios aquí abajo, nos encantará conocerlos.

 

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